Su visita ha iluminado a
nuestro País, sus palabras nos tocaron la piel y se quedaron en el
corazón.
Septiembre 6 al 10 de
2017
Apreciado Lector : En los medios de comunicación de casi todos
los Continentes del Orbe, encontramos cada detalle de su visita, su camino, sus
discursos, homilías, comentarios, del viaje realizado a Colombia.
Todo su lenguaje no verbal y los
pronunciamientos realizados durante su visita, están cargados de Amor y de verdades
profundas. Por lo que es necesario meditarlos y estudiarlos, pero solamente trataré
de compartir con Ustedes brevemente, algunas de sus palabras e imágenes
logradas en su recorrido:
Bogotá – 07.09.2017 –
Plaza de Armas de la Casa de Nariño
“Sólo así, con fe y esperanza, se pueden superar las
numerosas dificultades del camino y construir un País que sea Patria y casa
para todos los colombianos”.
“Y, por favor, les pido que escuchen a los pobres, a los que
sufren. Mírenlos a los ojos y déjense interrogar en todo momento por sus
rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes”.
Bogotá – 07.09.2017 –
10.50 Bendición a los fieles desde el balcón del Palacio Cardenalicio Saludo
del Santo Padre
el Señor está cerca de ustedes,
en el corazón de cada hijo e hija de este País. Él no es selectivo, no excluye
a nadie sino que abraza a todos; y todos somos importantes y necesarios para
Él.
Parque Simón Bolívar
Santa Misa Homilía del Santo Padre
“Esta querida ciudad, Bogotá, y este hermoso País, Colombia,
tienen mucho de estos escenarios humanos presentados por el Evangelio. Aquí se
encuentran multitudes anhelantes de una palabra de vida, que ilumine con su luz
todos los esfuerzos y muestre el sentido y la belleza de la existencia humana.
Estas multitudes de hombres y mujeres, niños y ancianos habitan una tierra de
inimaginable fecundidad, que podría dar frutos para todos. Pero también aquí,
como en otras partes, hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida:
las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas
corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera
egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos; las
tinieblas del irrespeto por la vida humana que siega a diario la existencia de
tantos inocentes, cuya sangre clama al cielo; las tinieblas de la sed de
venganza y del odio que mancha con sangre humana las manos de quienes se toman
la justicia por su cuenta; las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante
el dolor de tantas víctimas. A todas esas tinieblas Jesús las disipa y destruye
con su mandato en la barca de Pedro: «Navega mar adentro»”
“Pedro experimenta su pequeñez, lo inmenso de la Palabra y el
accionar de Jesús; Pedro sabe de sus fragilidades, de sus idas y venidas, como
lo sabemos nosotros, como lo sabe la historia de violencia y división de
vuestro pueblo que no siempre nos ha encontrado compartiendo barca, tempestad,
infortunios. Pero al igual que a Simón, Jesús nos invita a ir mar adentro, nos
impulsa al riesgo compartido, a dejar nuestros egoísmos y a seguirlo. A perder
miedos que no vienen de Dios, que nos inmovilizan y retardan la urgencia de ser
constructores de la paz, promotores de la vida”
Villavicencio –
08.09.2017 – 09.30 Santa Misa en Catama Homilía del Santo Padre Texto oficial
“Reconciliarse en Dios, con los Colombianos y con la creación”
En el Evangelio hemos escuchado la genealogía de Jesús (cf.
Mt 1,1-17), que no es una simple lista de nombres, sino historia viva, historia
de un pueblo con el que Dios ha caminado y, al hacerse uno de nosotros, nos ha
querido anunciar que por su sangre corre la historia de justos y pecadores. La mención de las mujeres —ninguna de las aludidas en la
genealogía tiene la jerarquía de las grandes mujeres del Antiguo Testamento—
nos permite un acercamiento especial: son ellas, en la genealogía, las que
anuncian que por las venas de Jesús corre sangre pagana, las que recuerdan historias
de postergación y sometimiento.
Cuáles son los caminos de reconciliación? Como María, decir
sí a la historia completa, no a una parte; como José, dejar de lado pasiones y
orgullos; como Jesucristo, hacernos cargo, asumir, abrazar esa historia, y esto sólo es posible si llenamos de la luz del Evangelio
nuestras historias de pecado, violencia y desencuentro.
Es necesario que algunos se animen a dar el primer paso en
tal dirección, sin esperar que lo hagan los otros. ¡Basta una persona buena
para que haya esperanza! ¡Y cada uno de nosotros puede ser esa persona!
La reconciliación, por tanto, se concreta y consolida con el
aporte de todos, permite construir el futuro y hace crecer la esperanza. Todo
esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación será un fracaso.
Villavicencio –
08.09.2017 – 15.40 Parque Las Malocas Gran encuentro de oración por la
reconciliación nacional Discurso del Santo Padre
“Vengo aquí con respeto y con una conciencia clara de estar,
como Moisés, pisando un terreno sagrado (cf. Ex 3,5). Una tierra regada con la
sangre de miles de víctimas inocentes y el dolor desgarrador de sus familiares
y conocidos. Heridas que cuesta cicatrizar y que nos duelen a todos, porque
cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la
humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas”.
“Nos reunimos a los pies del Crucificado de Bojayá, que el 2
de mayo de 2002 presenció y sufrió la masacre de decenas de personas refugiadas
en su iglesia. Esta imagen tiene un fuerte valor simbólico y espiritual. Al
mirarla contemplamos no sólo lo que ocurrió aquel día, sino también tanto
dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas y tanta sangre derramada en la Colombia
de los últimos decenios”.
“Gracias Señor por el testimonio de los que han infligido
dolor y piden perdón; los que han sufrido injustamente y perdonan. Esto sólo es
posible con tu ayuda y presencia. Eso ya es un signo enorme de que quieres
restaurar la paz y la concordia en esta tierra colombiana”
“Esta muleta tuya es un símbolo de esa otra muleta más
importante, y que todos necesitamos, que es el amor y el perdón. Con tu amor y
tu perdón estás ayudando a tantas personas a caminar en la vida. Gracias”
.
.
“Deisy lo ha dicho claro: comprendiste que tú misma habías
sido una víctima y tenías necesidad de que se te concediera una oportunidad. Y
comenzaste a estudiar, y ahora trabajas para ayudar a las víctimas y para que
los jóvenes no caigan en las redes de la violencia y de la droga. También hay
esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido. Es cierto que en esa
regeneración moral y espiritual del victimario la justicia tiene que cumplirse.
Como ha dicho Deisy, se debe contribuir positivamente a sanar esa sociedad que
ha sido lacerada por la violencia”.
“Resulta difícil aceptar el cambio de quienes apelaron a la
violencia cruel para promover sus fines, para proteger negocios ilícitos y
enriquecerse o para, engañosamente, creer estar defendiendo la vida de sus
hermanos. Ciertamente es un reto para cada uno de nosotros confiar en que se
pueda dar un paso adelante por parte de aquellos que infligieron sufrimiento a
comunidades y a un país entero”.
“Sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió
delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a
la construcción del orden nuevo donde brille la justicia y la paz”.
“Como ha dejado entrever en su testimonio Juan Carlos, en
todo este proceso, largo, difícil, pero esperanzador de la reconciliación,
resulta indispensable también asumir la verdad. Es un desafío grande pero
necesario”.
“La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino
más bien a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias
desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos.
Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores
violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y
de abusos”.
“No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se
resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y
superar las enemistades”.
“Y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad
y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”.
Medellín – 09.09.2017 –
10.15 Aeropuerto Enrique Olaya Herrera Santa Misa Homilía del Santo Padre Texto
oficial “La vida cristiana como discipulado”
El discipulado no es algo estático, sino un continuo
movimiento hacia Cristo;
Un permanente aprendizaje por medio de la escucha de su
Palabra.
Ecclesia semper reformanda—. No se renueva a su antojo, sino
que lo hace «firme y bien fundada en la fe, sin apartarse de la esperanza
transmitida por la Buena Noticia» (Col 1,23).
Y en Colombia hay tantas situaciones que reclaman de los
discípulos el estilo de vida de Jesús, particularmente el amor convertido en
hechos de no violencia, de reconciliación y de paz.
He venido hasta aquí justamente para confirmarlos en la fe y
en la esperanza del Evangelio: manténganse firmes y libres en Cristo, de modo
que lo reflejen en todo lo que hagan.
Medellín – 09.09.2017 –
15.00 Encuentro en el Hogar San José Saludo del Santo Padre
Ver sufrir a los niños hace mal al alma porque los niños son
los predilectos de Jesús.
También el Niño Jesús fue víctima del odio y de la persecución;
también Él tuvo que huir con su familia, dejar su tierra y su casa, para
escapar de la muerte.
Medellín – 09.09.2017 –
16.00 Estadio La Macarena Encuentro con sacerdotes, religiosos y religiosas,
consagrados y consagradas, seminaristas y sus familias de procedencia Discurso
del Santo Padre
La alegoría de la vid verdadera que acabamos de escuchar del
Evangelio de Juan se da en el contexto de la última cena de Jesús. En ese
ambiente de intimidad, de cierta tensión pero cargada de amor, el Señor lavó
los pies de los suyos, quiso perpetuar su memoria en el pan y el vino, y
también les habló a los que más quería desde lo hondo de su corazón. En esa
primera noche «eucarística», en esa primera caída del sol después del gesto de
servicio, Jesús abre su corazón; les entrega su testamento. Y así como en aquel
cenáculo se siguieron reuniendo posteriormente los Apóstoles, algunas mujeres y
María, la Madre de Jesús (cf. Hch 1,13-14), hoy también acá en este espacio nos
hemos reunido nosotros a escucharlo, a escucharnos.
«Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir
cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido
en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo» (n.
29).
Nos gustaría contar con un mundo, con familias y vínculos más
llanos, pero somos parte de esta crisis cultural, y en medio de ella, contando
con ella, Dios sigue llamando.
Cartagena – 10.09.2017
– 16.30 Área portuaria de Contecar Santa Misa Homilía del Santo Padre Texto
oficial “Dignidad de la Persona y derechos humanos”
No hay nadie lo suficientemente perdido que no merezca
nuestra solicitud, nuestra cercanía y nuestro perdón. Desde esta perspectiva,
se entiende entonces que una falta, un pecado cometido por uno, nos interpele a
todos pero involucra, en primer lugar, a la víctima del pecado del hermano; ese
está llamado a tomar la iniciativa para que quien lo dañó no se pierda.
¡Cuántas veces se «normalizan» procesos de violencia,
exclusión social, sin que nuestra voz se alce ni nuestras manos acusen
proféticamente!
La casa común de todos los hombres debe también edificarse
sobre la comprensión de una cierta sacralidad de la naturaleza creada»
(Discurso a las Naciones Unidas, 25 septiembre 2015). También Jesús nos señala
la posibilidad de que el otro se cierre, se niegue a cambiar, persista en su
mal. No podemos negar que hay personas que persisten en pecados que hieren la
convivencia y la comunidad: «Pienso en el drama lacerante de la droga, con la
que algunos lucran despreciando las leyes morales y civiles, en la devastación
de los recursos naturales y en la contaminación; en la tragedia de la
explotación laboral; pienso en el blanqueo ilícito de dinero así como en la
especulación financiera, que a menudo asume rasgos perjudiciales y demoledores
para enteros sistemas económicos y sociales, exponiendo a la pobreza a millones
de hombres y mujeres; pienso en la prostitución que cada día cosecha víctimas
inocentes, sobre todo entre los más jóvenes, robándoles el futuro; pienso en la
abominable trata de seres humanos, en los delitos y abusos contra los menores,
en la esclavitud que todavía difunde su horror en muchas partes del mundo, en
la tragedia frecuentemente desatendida de los emigrantes con los que se
especula indignamente en la ilegalidad» (Mensaje para la Jornada Mundial de la
Paz 2014, 8), e incluso en una «aséptica legalidad» pacifista que no tiene en
cuenta la carne del hermano, la carne de Cristo. También para esto debemos
estar preparados, y sólidamente asentados en principios de justicia que en nada
disminuyen la caridad. No es posible convivir en paz sin hacer nada con aquello
que corrompe la vida y atenta contra ella
Finalmente Jesús nos pide que recemos juntos; que nuestra
oración sea sinfónica, con matices personales, distintas acentuaciones, pero
que alce de modo conjunto un mismo clamor. Estoy seguro de que hoy rezamos
juntos por el rescate de aquellos que estuvieron errados y no por su
destrucción, por la justicia y no la venganza, por la reparación en la verdad y
no el olvido. Rezamos para cumplir con el lema de esta visita: «Demos el primer
paso!», y que este primer paso sea en una dirección común.
«Dar el primer paso» es, sobre todo, salir al encuentro de
los demás con Cristo, el Señor. Y Él nos pide siempre dar un paso decidido y
seguro hacia los hermanos, renunciando a la pretensión de ser perdonados sin
perdonar, de ser amados sin amar. Si Colombia quiere una paz estable y
duradera, tiene que dar urgentemente un paso en esta dirección, que es aquella
del bien común, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza
humana y de sus exigencias. Sólo si ayudamos a desatar los nudos de la violencia,
desenredaremos la compleja madeja de los desencuentros: se nos pide dar el paso
del encuentro con los hermanos, atrevernos a una corrección que no quiere
expulsar sino integrar; se nos pide ser caritativamente firmes en aquello que
no es negociable; en definitiva, la exigencia es construir la paz, «hablando no
con la lengua sino con manos y obras» (san Pedro Claver), y levantar juntos los
ojos al cielo: Él es capaz de desatar aquello que para nosotros pareciera
imposible, Él ha prometido acompañarnos hasta el fin de los tiempos, Él no
dejará estéril tanto esfuerzo.











