El dejar la casa terrena,
sucede en los momentos más inesperados
de la vida, a pesar de las tendencias no tiene condicionamientos de tipo
físico, ni económico, ni de edad, ni de sexo, ni necesariamente de salud; tampoco
social, ni de linaje. Ocurre de sorpresa.
Esta historia que quiero
compartirles sobre María Helena Rodríguez y Nibardo se remonta en el tiempo más
de 50 años atrás, eran los Padres de 3 niños: La mayor de nombre NydiaE quien a
esa fecha contaba con tan solo 5 añitos, una niña de 4 años y un niño de 1 año y medio. Una familia
normal, unida, y que se querían, con una convivencia de 5 ó 6 años. María
Helena padecía desde hacía 2 años aproximadamente de un cáncer de seno
agresivo, y así transcurría su cotidianidad.
Vivían en una modesta
habitación en el barrio Santa Lucía de Bogotá. Ella oriunda de Nemocón, él era de Villeta, tenían la misma edad y trabajaban
en la industria textil en la línea de las Confecciones.
NydiaE recuerda su Mamá por
las mañanas llevándolas al Jardín “Andi” y al hermano a una sala cuna de
“Comfenalco”. En la tarde a su regreso los recogía y llegaba a la casa para
atenderlos y continuar sus quehaceres domésticos. Pese a su estado, y a su
pobreza, la limpieza era impecable y el cumplimiento de sus labores causaba
admiración en las personas cercanas.
Los niños la admiraban cuando
entonaba canciones, porque lo hacía con especial sentimiento. Particularmente se
recuerda aquella melodía titulada “Yo vendo unos ojos negros”. Se pasaba muy
bien en la familia. Pero ella en el fondo guardaba en su corazón, cierta
nostalgia que la consumía, porque faltaba en su hogar la bendición de Dios con
el Sacramento del Matrimonio. Por eso le pedía al Señor le concediera esa
gracia.
Posteriormente, María Helena
cayó en cama, en la cual duró 2 meses. Una noche su marido le pregunta si
quiere la visita de un Sacerdote para confesarse y para que le imponga los
Santos óleos. Ella agradece y le pide hacerlo con prontitud. Una vez efectuada
la visita del Presbítero, al salir le pregunta a Nibardo, si quiere que su
mujer muera en paz, el responde que SÏ. Entonces le da solo unas horas para
conseguir la partida de Bautismo, y él lo cumple al día siguiente al amanecer. Muy
temprano en la mañana, regresa con el documento para casarse. En su lecho de
enferma ante la abuelita, los Tíos y sus pequeños hijos que nada entendían, se realizó
el Matrimonio. Uno de los 7 Sacramentos de la Iglesia Católica.
Esa imagen captada en el
tiempo, quedó impresa en el corazón de
los niños, especialmente en la mayor de todos, en NydiaE..
Al siguiente día de la boda y
en plena juventud, María Helena de una
manera serena y tranquila cerró sus ojos
y partió a la Jerusalén Celestial. Tenía 28 años de edad.
Se recuerda con una pañoleta de cuadros café con amarillo,
y al bebé que intentaba permanecer debajo del ataúd. También se cumplió el deseo que le confeccionaran a la
niña mayor un vestidito con su hermoso abrigo rojo.
Nibardo 43 años después,
partió a la moradas eternas, tenía para entonces 71 años de edad. La tarde anterior enfermo de un cáncer
de estómago, pidió un Confesor, y fue su
hija NydiaE , quien se lo consiguió. Esa noche el Sacerdote lo atendió. Al día
siguiente le llevó la Comunión y le impuso los Santos óleos. Una vez el Padre salió de la casa, Nibardo marchó
también a la Ciudad Celeste.
Esta historia me la contó
NydiaE en octubre de 2017.
María Helena y Nibardo emprendieron
un viaje similar, aunque partieron en diferentes momentos, ella al amanecer y
el, al atardecer de la vida. Pero con un mismo sentir. Abrir su corazón a Dios,
para partir con EL.
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