jueves, 30 de noviembre de 2017

ENTRE EL MATRIMONIO Y EL LÍMITE


El dejar la casa terrena, sucede en los momentos más  inesperados de la vida, a pesar de las tendencias no tiene condicionamientos de tipo físico, ni económico, ni de edad, ni de sexo, ni necesariamente de salud; tampoco social, ni de linaje. Ocurre de sorpresa.  

Esta historia que quiero compartirles sobre María Helena Rodríguez y Nibardo se remonta en el tiempo más de 50 años atrás, eran los Padres de 3 niños: La mayor de nombre NydiaE quien a esa fecha contaba con tan solo 5 añitos, una niña de  4 años y un niño de 1 año y medio. Una familia normal, unida, y que se querían, con una convivencia de 5 ó 6 años. María Helena padecía desde hacía 2 años aproximadamente de un cáncer de seno agresivo, y así transcurría su cotidianidad.

Vivían en una modesta habitación en el barrio Santa Lucía de Bogotá. Ella oriunda de Nemocón, él  era de Villeta, tenían la misma edad y trabajaban en la industria textil en la línea de las Confecciones.

NydiaE recuerda su Mamá por las mañanas llevándolas al Jardín “Andi” y al hermano a una sala cuna de “Comfenalco”. En la tarde a su regreso los recogía y llegaba a la casa para atenderlos y continuar sus quehaceres domésticos. Pese a su estado, y a su pobreza, la limpieza era impecable y el cumplimiento de sus labores causaba admiración en las personas cercanas.

Los niños la admiraban cuando entonaba canciones, porque lo hacía con especial sentimiento. Particularmente se recuerda aquella melodía titulada “Yo vendo unos ojos negros”. Se pasaba muy bien en la familia. Pero ella en el fondo guardaba en su corazón, cierta nostalgia que la consumía, porque faltaba en su hogar la bendición de Dios con el Sacramento del Matrimonio. Por eso le pedía al Señor le concediera esa gracia.

Posteriormente, María Helena cayó en cama, en la cual duró 2 meses. Una noche su marido le pregunta si quiere la visita de un Sacerdote para confesarse y para que le imponga los Santos óleos. Ella agradece y le pide hacerlo con prontitud. Una vez efectuada la visita del Presbítero, al salir le pregunta a Nibardo, si quiere que su mujer muera en paz, el responde que SÏ. Entonces le da solo unas horas para conseguir la partida de Bautismo, y él lo cumple al día siguiente al amanecer. Muy temprano en la mañana, regresa con el documento para casarse. En su lecho de enferma ante la abuelita, los Tíos y sus pequeños hijos que nada entendían, se realizó el Matrimonio. Uno de los 7 Sacramentos de la Iglesia Católica.

Esa imagen captada en el tiempo, quedó impresa  en el corazón de los niños, especialmente en la mayor de todos, en NydiaE..

Al siguiente día de la boda y en plena juventud,  María Helena de una manera  serena y tranquila cerró sus ojos y partió a la Jerusalén Celestial. Tenía 28 años de edad.    
Se recuerda  con una pañoleta de cuadros café con amarillo, y al bebé que intentaba permanecer debajo del ataúd. También  se cumplió el deseo que le confeccionaran a la niña mayor un vestidito con su hermoso abrigo rojo.   

Nibardo 43 años después, partió a la moradas eternas, tenía para entonces  71 años de edad. La tarde anterior enfermo de un cáncer de estómago, pidió  un Confesor, y fue su hija NydiaE , quien se lo consiguió. Esa noche el Sacerdote lo atendió. Al día siguiente le llevó la Comunión y le impuso los Santos óleos.  Una vez el Padre salió de la casa, Nibardo marchó también a la Ciudad Celeste.

Esta historia me la contó NydiaE en octubre de 2017.

María Helena y Nibardo emprendieron un viaje similar, aunque partieron en diferentes momentos, ella al amanecer y el, al atardecer de la vida. Pero con un mismo sentir. Abrir su corazón a Dios, para partir con EL.  

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