viernes, 31 de julio de 2020

EL LLAMADO DEL AMOR

En ésta oportunidad, quiero compartirles el testimonio de la hermana Catalina  María  Padilla Cordero, de la Comunidad “Hijas del Amor del Niño Jesús de Praga” cuyo Carisma es: “Restaurar la dignidad de los hijos de Dios”. Una Comunidad naciente, a la que la Arquidiócesis de Bogotá, concedió Personería Jurídica en enero de 2019, y de la que ella fue Superiora desde mayo de 2015 hasta octubre de 2018.

Piensa que tuvo una niñez alegre, y para entonces no veía su vocación. Inclusive en el grado Once, no consideró ser religiosa. Soñaba casarse, vincularse a la política y ayudar a la gente. Quizás ser Ministra de Cultura. Tuvo dos novios, lo cual considera una buena experiencia, pero en el fondo de su corazón sabía que algo, hacía falta.

Comenta que a la edad de 15 años tuvo un cáncer conocido con el nombre de “Linfoma de Hodgkin” y en ese momento era la paciente más joven en Onco Pediatría. No sentía miedo, y  no era consciente del riesgo y las implicaciones de su enfermedad. Una de las cosas que en aquella época la tocó, fue ver realidades muy duras en otros niños.

Terminó bachillerato en el Colegio Alvernia, posteriormente ingresó a la Universidad Externado de Colombia para estudiar Conservación y Restauración de obras de Arte. Estudió becada por su alto puntaje de ICFES. Recuerda que con sus compañeros de Universidad, fue a Suesca  para la restauración de una “pintura mural del año 1600”.

Piensa que sus abuelitos le dejaron en herencia la fe. Cuando se encontraba a mitad de carrera, murió su abuelo materno. Su partida a la patria Celeste, ocurrió a las tres de la tarde, mirando una imagen de la Virgen. Fue uno de esos momentos dolorosos y cruciales de la vida, pues lo admiraba por su testimonio de vida, y lo amaba profundamente.

A partir de entonces tenía una inquietud por lo transcendente, y comenzó a buscar qué era el Cielo. Encontró respuesta en muchos Santos, entre ellos Santo Tomás de Aquino. También comprendió que la Eucaristía, es el “Encuentro del Cielo con la tierra”. Sentía inclinación por la búsqueda de una entrega a Dios, bajo la vida contemplativa.

Manifiesta que la muerte, la enfermedad, los momentos de crisis económicas, son oportunidades que deben aprovecharse para el crecimiento espiritual. Viene a su memoria la famosa frase de Jack Philipe: “Dios nos hace libres, no sólo para elegir, sino también para poder aceptar aquello que no podemos elegir”.

En cierta ocasión una compañera de la Universidad le preguntó si no había pensado ser monjita, y la invitó una noche a la reunión de un grupo Vocacional en su Parroquia.

“Katica” como le llama cariñosamente su Madre, respondió al llamado Divino a los  21 años de edad. Dice que todo va guiado de la mano de Dios. Al comienzo su Mamá la apoyó y hubo resistencia por parte de su Padre. Pero a través del tiempo los dos la respaldaron plenamente. Lleva 12 años de vida religiosa.

Sobre los eventos que le han marcado, recuerda uno en el Corregimiento de “La Moralia”, en Tuluá, donde se perpetró hace 21 años la primera masacre paramilitar en el Valle del Cauca.

Comenta que hace más o menos un año cuando se acercaba la festividad de la Virgen del Carmen, y también para la conmemoración de las víctimas, las religiosas de su Comunidad, se encontraban en la “Marina”, e invitaron a la gente a orar en la iglesia. Al llamado acudieron inicialmente solamente 4 personas. Y comenzaron a rezar el Rosario, pero un poco más tarde, con el pasar del tiempo, los asistentes ya superaban las doscientas personas. Fueron momentos de unión, fuerza, alegría y gozo para toda la Comunidad.

El otro evento fue un acompañamiento “Provida” con una bebé de grandes malformaciones que estaba en la UCI, y ella acompañaba al Sacerdote para llevar los Santos óleos. Pedía durante el recorrido, por la sanación de esa bebé, pero sentía en su interior de manera casi imperceptible, una voz que le decía: “Tu milagro a tu manera, o mi milagro a mi manera”. Fue asombroso lo que ocurrió después de administrarle el Sacramento de la “Unción de los enfermos” y del largo momento de oración. Más que la sanación física de la bebé, fue la curación espiritual y física que transformó toda una familia.  

La niña ya tiene 2 años y la familia también ha sido un milagro de amor, y ejemplo, para la Comunidad.

Este testimonio lo recibí de la hermanita Catalina el 24 de febrero de 2020

Ya casi sobre la publicación de éste testimonio, hablé con la hermanita y me enteré de una buena noticia. Está en proceso de aspirantado en La Orden de “Carmelitas Descalzas” de San José en Bogotá. Nuestros mejores deseos, en ésta nueva misión, y que Dios la siga bendiciendo.

Dios es misericordioso, puro, bello y poderoso, a todos nos llama, y nos ama de una manera única. Cada uno tenemos una misión diferente en este mundo. El nos hizo libres para responder a la llamada de su amor. Quiero finalizar esta historia recordando la frase de San Agustín: “Dios siempre está tratando de darnos buenas cosas, pero nuestras manos están demasiado llenas para recibirlas”.


DIOS SIEMPRE ESTA AHI

En esta ocasión nos ha compartido su testimonio Marcela, Comunicadora Social, Periodista, con dos especializaciones y una Maestría en Comuni...