En
ésta oportunidad, quiero compartirles el testimonio de la hermana Catalina María Padilla
Cordero, de la Comunidad “Hijas del Amor del Niño Jesús de Praga” cuyo Carisma es:
“Restaurar la dignidad de los hijos de Dios”. Una Comunidad naciente, a la que
la Arquidiócesis de Bogotá, concedió Personería Jurídica en enero de 2019, y de
la que ella fue Superiora desde mayo de 2015 hasta octubre de 2018.
Piensa
que tuvo una niñez alegre, y para entonces no veía su vocación. Inclusive en el
grado Once, no consideró ser religiosa. Soñaba casarse, vincularse a la
política y ayudar a la gente. Quizás ser Ministra de Cultura. Tuvo dos novios,
lo cual considera una buena experiencia, pero en el fondo de su corazón sabía
que algo, hacía falta.
Comenta
que a la edad de 15 años tuvo un cáncer conocido con el nombre de “Linfoma de
Hodgkin” y en ese momento era la paciente más joven en Onco Pediatría. No
sentía miedo, y no era consciente del
riesgo y las implicaciones de su enfermedad. Una de las cosas que en aquella
época la tocó, fue ver realidades muy duras en otros niños.
Terminó
bachillerato en el Colegio Alvernia, posteriormente ingresó a la Universidad
Externado de Colombia para estudiar Conservación y Restauración de obras de Arte.
Estudió becada por su alto puntaje de ICFES. Recuerda que con sus compañeros de
Universidad, fue a Suesca para la
restauración de una “pintura mural del año 1600”.
Piensa
que sus abuelitos le dejaron en herencia la fe. Cuando se encontraba a mitad de
carrera, murió su abuelo materno. Su partida a la patria Celeste, ocurrió a las
tres de la tarde, mirando una imagen de la Virgen. Fue uno de esos momentos
dolorosos y cruciales de la vida, pues lo admiraba por su testimonio de vida, y
lo amaba profundamente.
A
partir de entonces tenía una inquietud por lo transcendente, y comenzó a buscar
qué era el Cielo. Encontró respuesta en muchos Santos, entre ellos Santo Tomás
de Aquino. También comprendió que la Eucaristía, es el “Encuentro del Cielo con
la tierra”. Sentía inclinación por la búsqueda de una entrega a Dios, bajo la
vida contemplativa.
Manifiesta
que la muerte, la enfermedad, los momentos de crisis económicas, son
oportunidades que deben aprovecharse para el crecimiento espiritual. Viene a su
memoria la famosa frase de Jack Philipe: “Dios nos hace libres, no sólo para
elegir, sino también para poder aceptar aquello que no podemos elegir”.
En cierta
ocasión una compañera de la Universidad le preguntó si no había pensado ser
monjita, y la invitó una noche a la reunión de un grupo Vocacional en su
Parroquia.
“Katica”
como le llama cariñosamente su Madre, respondió al llamado Divino a los 21 años de edad. Dice que todo va guiado de la
mano de Dios. Al comienzo su Mamá la apoyó y hubo resistencia por parte de su Padre.
Pero a través del tiempo los dos la respaldaron plenamente. Lleva 12 años de
vida religiosa.
Sobre
los eventos que le han marcado, recuerda uno en el Corregimiento de “La Moralia”,
en Tuluá, donde se perpetró hace 21 años la primera masacre paramilitar en el
Valle del Cauca.
Comenta
que hace más o menos un año cuando se acercaba la festividad de la Virgen del
Carmen, y también para la conmemoración de las víctimas, las religiosas de su
Comunidad, se encontraban en la “Marina”, e invitaron a la gente a orar en la
iglesia. Al llamado acudieron inicialmente solamente 4 personas. Y comenzaron a
rezar el Rosario, pero un poco más tarde, con el pasar del tiempo, los
asistentes ya superaban las doscientas personas. Fueron momentos de unión, fuerza,
alegría y gozo para toda la Comunidad.
El otro
evento fue un acompañamiento “Provida” con una bebé de grandes malformaciones
que estaba en la UCI, y ella acompañaba al Sacerdote para llevar los Santos
óleos. Pedía durante el recorrido, por la sanación de esa bebé, pero sentía en
su interior de manera casi imperceptible, una voz que le decía: “Tu milagro a
tu manera, o mi milagro a mi manera”. Fue asombroso lo que ocurrió después de administrarle
el Sacramento de la “Unción de los enfermos” y del largo momento de oración. Más
que la sanación física de la bebé, fue la curación espiritual y física que
transformó toda una familia.
La niña
ya tiene 2 años y la familia también ha sido un milagro de amor, y ejemplo,
para la Comunidad.
Este
testimonio lo recibí de la hermanita Catalina el 24 de febrero de 2020
Ya
casi sobre la publicación de éste testimonio, hablé con la hermanita y me
enteré de una buena noticia. Está en proceso de aspirantado en La Orden de
“Carmelitas Descalzas” de San José en Bogotá. Nuestros mejores deseos, en ésta
nueva misión, y que Dios la siga bendiciendo.
Dios
es misericordioso, puro, bello y poderoso, a todos nos llama, y nos ama de una
manera única. Cada uno tenemos una misión diferente en este mundo. El nos hizo
libres para responder a la llamada de su amor. Quiero finalizar esta historia
recordando la frase de San Agustín: “Dios siempre está tratando de darnos
buenas cosas, pero nuestras manos están demasiado llenas para recibirlas”.