martes, 31 de octubre de 2023

LA MISERICORDIA DIVINA EN NUESTRA HISTORIA

 

En esta oportunidad compartiremos el testimonio de Adriana Terront Cortes, Bogotana, de familia católica no practicante, Ingeniera Industrial, laboró en Multinacionales, en Farmacéuticas de consumo masivo, también trabajó con una entidad bancaria, es Empresaria, hija de Madre Tolimense, y Padre de origen francés por su abuelo.

Para esta historia, es necesario retroceder a una época pasada, por lo que comenzaremos diciendo, que la abuelita materna era una mujer de campo, trabajadora, y tuvo su primer hogar a los 24 años, lo que, en ese tiempo, se consideraba una edad tardía para casarse. En total tuvo 7 hijos, 3 mujeres, y 4 hombres.

La formación para las hijas, estuvo encaminada para ayudar a sus hermanos hombres. Su esposo era alcohólico, murió joven, y la dejó con muchas deudas.

La abuelita, se trasladó de Espinal a Cajamarca, rentó una casa y prestaba servicio de alojamiento a viajeros. En ese ambiente, fue violada la niña menor, a la edad de 4 añitos. Adriana se enteró de lo que había sufrido su madre, cuando ya estaba casada.

De otra parte, comentaremos que Luis Carlos, el Papá de Adriana era un hombre físicamente muy guapo, modales refinados, que cautivaba las mujeres, fallando de manera continua en su fidelidad. Se casó, tuvo 4 hijos en el primer hogar, y uno murió, se separó por infidelidad, y la esposa posteriormente falleció. También tuvo un hijo, con otra mujer

Muchos años después y siendo aún muy joven, Alba Tulia, conoció a Luis Carlos y se hicieron novios, ella no fue aceptada en la casa de él por abolengo familiar. Convivieron, y nació Adriana, fue la única hija que tuvieron. El era 20 años mayor.

Cuando se fueron a vivir juntos, los hijos de él, estaban en una etapa de la vida difícil, el hijo mayor se iniciaba en las drogas, y los otros estaban en plena adolescencia, les hicieron brujería, en fin trataron de fastidiarles la vida.

Se formó un entorno fuerte, de rechazo a la bebé, por parte de la familia paterna.

El Papá de Adriana sólo quería tener un hijo varón. Pero en 1980, no había ecografías, y nadie sabía el sexo del bebé que estaba en camino. La mamá por instinto materno, sabía que era niña, y desde la concepción, comenzó a orar por el futuro esposo de Adriana.

La abuelita también quería niño, y a la bebé le decían “Ricardo”. El primer juguete fue un carro de Policía blanco.

Quiero comentar una circunstancia particular, sobre la edad de la maternidad de la abuelita, la mamá, y Adriana, y es que aunque ocurrió en diferentes épocas, fue en la misma edad, cuando tenían 25 años cada una.

Dice Adriana, que, por bendición y gracia de Dios, nació en la Clínica San Rafael. La enfermera, era una monjita, y oró con la mamá por la pequeñita recién nacida.

Cuando al Papá le dijeron que había tenido una niña, no quiso visitar la mamá durante una semana. La bebé tenía el rechazo de todos.

La abuelita materna cambió rápidamente sus sentimientos y dijo: “Hijo de hija, nieto será, hijo de hijo, en duda estará”. La niña fue muy consentida por la abuelita, y también por su Papá. El la consentía mucho, y vivió con ellas, hasta cuando Adriana cumplió los 7 años. Tristemente para ella, sus Padres se separaron, él volvió con una antigua amante, y no volvió a verlo.

Para Adriana este fue un golpe tan grande, que no quería tener los bellos recuerdos de esos 7 años. Se dispuso sicológicamente a no revivirlos, no moverlos, y así olvidar su infancia hasta los 7 años. Ella perdió contacto con el papá, vivía con la abuelita, la mamá, y 2 tías solteras. Terminó como ella misma dice viviendo en un matriarcado. Recuerda que la abuelita le enseñaba oraciones en la época del apagón, cuando se cambió la hora en el reloj de Colombia.

El Papá en sus aportes económicos, daba todo lo correspondiente al colegio. La mamá, buscando lo mejor para su hija, le consiguió la academia más costosa, que le referenciaron. La niña inició sus estudios y con el correr del tiempo, comenzó a tener un fuerte rechazo en el Centro Educativo por la condición social, colegio mixto, Padre ausente, sentía que la señalaban, hija única, se aislaba, y todo esto le generó un sentimiento de profunda soledad.

Por su parte la mamá, trabajaba muchísimo más, para tratar de equiparar el estrato social, y por ello estaba menos en casa.

Adriana se sentía sola, y comenzando la adolescencia, tomó la decisión de optar por un sentimiento negativo, que da una falsa sensación de justicia ante lo que ha pasado, y que se denomina venganza.

Durante la adolescencia se propuso vengarse de todos los hombres, y comenzó su malintencionada estrategia. Con el primer novio. Iba a serle infiel, que lo supiera, y le doliera en lo más profundo de su corazón. De ahí en adelante tuvo varias relaciones, dice que perdió la cuenta. Sin embargo, alegremente comenta, que, por gracia de Dios, no perdió la pureza, y las cosas no se daban. En medio de eso cuando tenía 15 años, llegó Mauricio quien se convertiría en su esposo. Se volvieron, novios a los 16 o 17 años. Él estaba en la Universidad, le llevaba 6 años. Él era parte del plan.

De todos los chicos que había conocido, Mauricio fue el único, en decirle que fueran a un grupo de oración, de jóvenes con Felipe Gómez, a rezar el Rosario. Ella aceptó y comenzaron a asistir, a un Rosario bonito, pausado, orado, y meditado. En cada decena cantaban alegremente, había mucho cariño, sanidad, y todo esto, la impactó.

Recuerda como en varias oportunidades sucedieron cosas extraordinarias, increíbles ante la razón humana, y en las que ellos sentían arder su corazón, al escuchar que la Virgen hablaba al grupo, y daba hermosos mensajes. En cierta ocasión, cuando hablaba la Virgen, una mujer joven, que fue a la reunión, comenzó a gritar de manera descontrolada, y con desesperación: “Saquen a esa, saquen a esa”

Estas vivencias tocaron de manera profunda el corazón de Adriana, en su espiritualidad, y además pudo descubrir que su mayor deseo, era casarse con Mauricio, y que él fuera el Padre de sus hijos.

Duraron 10 años de novios, y se casaron por la iglesia católica. Actualmente tienen 2 hijos, uno de 17, y otro de 15 años. Para entonces el Papá de Adriana reapareció en su vida, y la entregó en el altar. Cuando nació el primer niño, Luis Carlos, iba todas las semanas, a consentir al bebé, estaba feliz con su nieto, Adriana veía arrepentimiento y mucho amor.

Siempre supo que no tendría un solo hijo, y después de que nació el segundo niño, manifiesta con tristeza, que ella y su esposo, se cerraron a la vida. Después de esto, y con el correr del tiempo, llegó una etapa de aridez, y muy difícil para los dos, él tuvo una crisis sicológica y de salud, y ella una inmensa sed espiritual, buscaba la forma de estar triste. Solamente y con esfuerzo iba a Misa los domingos.

Fue entonces cuando su esposo le propuso, que volvieran a tener grupo, hicieron retiros y proceso de reparación, por haberse cerrado a la vida, entendieron que tenían que transmitirles a otros la experiencia, para que no cometieran el grave error que ellos habían cometido.

Actualmente Adriana y Mauricio, participan de manera activa en Pastoral familiar de su Parroquia, en movimientos y grupos Laicales de la Iglesia.

Adriana considera que la oración ha sido parte de su vida, desde la Concepción, y recuerda, que, en una oportunidad, como ella misma dice, estaba en un combate espiritual por problemas de trabajo, y encontró la paz, cuando temprano en la mañana, tomó la biblia para orar, prendió un cirio, y al apagarse, cayó la cabeza del fosforo sobre una hoja, en el Salmo 18:25-26.

Fue algo bonito, porque sabe que Dios le habló a través del Salmo. En el papel quedó la huella del quemón.  

Dios es maravilloso, su Misericordia camina en nuestra historia, nos acompaña, nos libera, le duelen nuestros sufrimientos, siempre nos espera, y nunca falla.

Este testimonio lo recibí de Adriana de manera presencial el día 17 de octubre del año 2023.

DIOS SIEMPRE ESTA AHI

En esta ocasión nos ha compartido su testimonio Marcela, Comunicadora Social, Periodista, con dos especializaciones y una Maestría en Comuni...