Apreciado Lector, en ésta
oportunidad quiero compartirle lo que le sucedió a Esperanza Puentes, en este
año 2020, durante el confinamiento por el Covid-19. Comienzo por decir que es
ingeniera industrial, trabaja con una entidad del Estado y por circunstancias
puntuales, quedó sola en su apartamento para pasar estos días de cuarentena por
la pandemia.
Vive en el piso alto, de un edificio
al norte de la Ciudad. Conoció por la ventana a María Teresa, una hermosa niña
de 5 años que estaba en la terraza del primer piso, del edificio contiguo, a quien
para esta oportunidad le diremos Marité. Desde lejos se hicieron amigas, y
también nació una cierta amistad y comunicación con los Padres de la niña.
Marité es muy alegre y
divertida, su actividad predilecta es rezar el Rosario, rezar la Coronilla de
la Divina Misericordia, escuchar de Dios, cantar, danzar para El y hablar de Él.
Algo muy especial para una niña de su edad. Entre sus hobbies está bañarse en
una piscina que le compraron, disfruta también almorzar en la terraza, de vez
en cuando, le pide a Esperanza que la acompañe. También a veces de manera
virtual se unen en oración con otras niñas y ocasionalmente las acompañan sus
Padres.
No se ha dado un encuentro personal,
la conversación ha sido a distancia, y pienso que gran parte de los diálogos
intercambiados, han sido escuchados por varios de los Residentes de los dos
edificios.
Podría decirse que es una
bendición para Esperanza, porque en estos días tan difíciles y de encerramiento,
encontró un ángel al lado, alegrándole los días, motivándola a la oración, y a
la comunicación continua con el Dios invisible. Y para Marité porque ha llegado
una amiga muy particular, con la cual se siente a gusto, puede orar, y
compartir muchas cosas nuevas, sin salir de su casa.
Jesús amaba y acogía
tiernamente a los niños, lo encontramos en el Evangelio de Marcos 10, 13-16 cuando
nos dice: “Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los Discípulos
les reprendían. Más Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: “Dejad que los
niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como estos es el
Reino de Dios. Yo les aseguro: el que no
reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él”. Y abrazaba a los niños, y
los bendecía poniendo las manos sobre ellos”.
A veces de manera inesperada, sin ni siquiera pensarlo, Dios nos deja sentir la proximidad de sus ángeles, para recordarnos su amor y su compañía en nuestro caminar. Nos habla en diferentes y múltiples formas. Siempre está con nosotros, nunca nos abandona, es bello, puro, y misericordioso.