Para este testimonio, es conveniente
recordar a San Juan Pablo II en una Audiencia General en la Plaza de San Pedro,
cuando afirmaba sobre “Los Carismas de los Laicos:”
“El Espíritu Santo, dador de
todo Don y principio primero de la vitalidad de la Iglesia, no solo obra en
ella por medio de los Sacramentos. El Espíritu Santo, como dice San Pablo,
distribuye a cada uno sus dones según su voluntad (cf.1 Co 12, 11), derrama en
el pueblo de Dios una gran riqueza de gracias mediante la oración, la
contemplación y la acción. Son Los Carismas. También los Laicos son
beneficiarios de estos Carismas especialmente con miras a su misión eclesial y
social.”
La historia que quiero
compartirles hoy, comenzó hace aproximadamente 5 ó 6 años a raíz de un revés
económico, que tuvo Jóse G. Olaya, en el que podría decirse perdió todos sus
bienes, pues estaba muy endeudado. Ante ésta situación algunos familiares, amigos, y conocidos, le dieron la espalda.
Se sentía solo, y con una
familia para sostener. Desesperado, atemorizado y afanado, después de tocar
muchas puertas, decidió acudir al Santísimo.
El primer día llegó a la
Capilla, y permaneció frente a Él por espacio de 2 horas aproximadamente. Al
día siguiente volvió, y así lo hizo día tras día, durante tres meses. En cada
oportunidad crecía la alegría y el gozo. En muchas ocasiones, lloraba de
felicidad, y veía que el temor con que había llegado, se convertía en tranquilidad.
Las dificultades económicas ya no eran tan importantes, ni tan agobiantes.
Empezó a asistir diariamente
a Misa, y después pasaba a visitar al Santísimo.
Durante ese tiempo se
conoció con varios Feligreses de la Parroquia, y cuando iba llegando, las
Señoras jocosamente le decían: “Allá lo están esperando”, a lo que él sonreía,
dando las gracias.
En cierta ocasión una de las
Señoras, lo invitó a vincularse a uno de los grupos de la Parroquia, y él sin
dudarlo así lo hizo.
Pasado algún tiempo, en la
Eucaristía de la Fiesta de Pentecostés,,el Sacerdote
celebrante dijo en el pulpito, que orarían por los enfermos, les harían imposición de manos, llamó a varios Servidores
de la Parroquia, por sus nombres y apellidos, y pidió a los enfermos ubicarse a
su alrededor. Jóse comenta que pese a que no fue nombrado, sintió en ese
momento que una mano lo levantaba. Desconcertado,
y sin mediar palabra alguna, se levantó y se unió al grupo de Servidores.
Seguidamente, los enfermos formaron
un círculo a su alrededor, y Jóse impuso las manos a varios de los asistentes. Ellos en
esos momentos alababan con gran júbilo a Dios, al ver la curación de sus
dolencias.
La jornada de oración terminó
cerca de la media noche. Jóse ese día comprendió, que Dios le había regalado el
Carisma de Sanación, ó Don de Curación. Desde entonces lo guardaba en su
corazón, y sólo a partir de hoy comparte éste tema con alguien.
Después de ésta vivencia, comenzó
a asistir a vigilias de oración en su Parroquia y en otras partes.
Un día cualquiera un
compañero de apostolado le pidió que lo remplazara para visitar a una Señora que
le habían practicado una cirugía muy delicada y estaba postrada en una silla
eléctrica. En la visita de enfermos, él la ungió también con aceite, y le hizo
imposición de manos la visitó durante varios días, al cabo de los cuales, ella pudo
levantarse, y le dijo a su familia que quería salir de paseo en el fin de
semana.
Posteriormente, cuando
llegaba la Semana Santa de 2019, la Señora se comunicó con Jóse, y le comentó
que estaba hospitalizada, dado que la fístula no sellaba, y la iban a operar. El
acudió y le impuso las manos, la ungió con aceite, y todo como la primera vez.
La operaban el miércoles
Santo, ella se presentó a la sala de cirugía a las 6.00 am. El médico
sorprendido le preguntó, qué se había mandado a hacer. Qué había pasado, porque
la fístula estaba sellada.
20 días después lo llama
nuevamente para comunicarle que el médico había leído los exámenes de
patología, y oh sorpresa, el cáncer había desaparecido.
Este testimonio lo recibí de
Jóse el 2 de agosto de 2019.
Antes de finalizar debo
comentar que conocí a la Señora mencionada anteriormente, y su nombre es Lucía Pinzón.
Nos encontramos el 13 de septiembre de 2019, me pareció una persona de trato
agradable y simpático, que se veía en óptimas condiciones de salud. Me comentó
que efectivamente hacía 4 años Jóse
había llegado a su casa en uno de esos momentos cruciales de la vida. Venía de
una cirugía de alto riesgo, había estado 15 días en cuidados intensivos. Le
habían retirado el epiplón, un pedazo de intestino y de vejiga porque tenía
cáncer. Posteriormente la habían abierto
4 veces.
Es de anotar, según palabras
de ella, que cuando le hicieron la cirugía, y estaba en la Clínica, los médicos, enfermeras,
el anestesiólogo, el internista, la trabajadora Social, y la Psicóloga, la
estaban preparando para un buen morir.
Tiempo después cuando el
personal médico vio a Lucía nuevamente, la sorpresa fue enorme, porque creían
que ya había fallecido.
Sobre este tema, nos dice el
Papa Francisco también en una Audiencia General en la Plaza de San Pedro que: “La
experiencia más hermosa, sin embargo, es descubrir con cuántos Carismas
distintos y con cuántos dones de su Espíritu, el Padre colma a su Iglesia….
El Carisma es un Don: sólo
Dios lo da….
Esta es la Iglesia, y cuando
la Iglesia, en la variedad de sus Carismas, se expresa en la comunión, no puede
equivocarse: es la belleza y la fuerza del sensus
fidei, de ese sentido sobrenatural de la fe, que da el Espíritu Santo a fin
de que, juntos, podamos entrar todos en el corazón del Evangelio y aprender a
seguir a Jesús en nuestra vida.”