El viernes 27 de marzo de 2020,
Dios nos bendijo Misericordiosamente.
En éste momento a nivel mundial,
se vive la amenaza del Coronavirus. El pasado viernes, el Papa Francisco en una Ceremonia realizada en la plaza de San Pedro, vacía y bajo la lluvia; unió al planeta en
oración, pidió a Dios por el mundo, e impartió una histórica y extraordinaria "Bendición Eucarística Urbi
et Orbi” .
“Esta es la fuerza de la fe,
que libera del miedo y da esperanza” nos decía el Papa.
El Coronavirus denominado
COVID-19, pudo detener el mundo. Es invisible al ojo humano, inclusive al
microscopio óptico convencional. Ha traído consigo una crisis sanitaria, a nivel global,
cobrando cada día numerosas vidas, y trayendo por consiguiente el desequilibrio económico.
También ha generado un distanciamiento social. Se podría decir que hemos perdido
en cierta forma una parte de nuestra
libertad.
Sobre la libertad del
hombre, el Catecismo de la Iglesia Católica en su artículo 3, versículo 1730,
nos dice: “Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una
persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. “Quiso Dios dejar
al hombre en manos de su propia decisión (si1514), de modo que busque a su
Creador sin coacciones y, adhiriéndose a Él, llegue libremente a la plena y
feliz perfección”. El hombre es racional, y por ello semejante a Dios; fue
creado libre y dueño de sus actos”.
Creo que a Dios le hemos
fallado todos, en el uso de la libertad. Debemos recordar que la libertad es un regalo de Dios, y por ello ,los aciertos y
desaciertos en la vida, son fruto del manejo de esa libertad.
Ahora que el mundo ha sido detenido, es el momento para reflexionar, sobre el trayecto recorrido, y es la
oportunidad, de tomar el nuevo rumbo en el camino hacia la perfección.




