Apreciado Lector, les comparto un fragmento del capitulo Doce del libro "El amor de mi Diosito" de Monseñor Luis Augusto Castro Q. q.e.p.d.
“ Si
tuvieran fe, como un granito de mostaza,le dirían a
este cerro: Quítate de ahí y ponte más allá, y el cerro obedecería. Nada les
sería imposible” (Mt 17, 20)
El pánico era general. Todos
los marineros subían y bajaban desesperadamente apresurados. La violenta
tempestad era más fuerte de cuanto el barco pudiera soportar. Por eso todos
tenían miedo de perecer.
Sólo alguien estaba tranquilo.
Era un niñito de unos 10 años. Jugaba sereno, cantaba y hasta leía una revista
de dibujos animados.
Gracias a Dios, la tempestad
se hizo menos violenta. Así los marineros empezaron a calmarse y todo poco a
poco recobró la normalidad..
Pero entonces, uno de ellos
quiso regañar al muchachito. “Cómo es -le dijo- que mientras todos nosotros
luchábamos desesperados para no perecer, tú estabas tan tranquilo, tan
indiferente a todo, tan despreocupado ?
El niño contestó: “ Estaba
tranquilo, porque el timón del barco estaba en manos de mi padre.”
Era el hijo del conductor del
barco, y tenía la confianza total, en las habilidades de su padre.” Estando con
él, aunque la tempestad fuese violenta, no había porque tener miedo de perecer.
Que diferencia con otra escena similar cuando la tempestad violenta amenazó a la barca en que los apóstoles se encontraban junto con Jesús. El Maestro dormía tranquilo. Ellos estaban desesperados. Entonces, rápidamente lo despertaron diciendo: "Maestro, maestro, que perecemos. El, habiendose despertado, increpó al viento y al oleaje, que se calmaron y sobrevino la bonanza. Entonces, les dijo: " Dónde está vuestra fe ?".