Apreciado Lector, les
comparto, nuevamente un fragmento de
otro Capítulo, del libro titulado “El Amor de mi Diosito”. De Monseñor Luis
Augusto Castro Q.
CAPITULO
XV
Los ladrones se metieron de
noche en el almacén, armados de linternas, y empezaron su tarea.
Cualquiera diría que
buscaron el dinero, o los artículos más valiosos para cargar con ellos.
Y no fue así. Estos ladrones eran muy especiales. No
se llevaron nada. Lo único que hicieron fue mover todas las tarjeticas que
indicaban los precios.
Así pues, al día siguiente
cuando los Clientes llegaron a comprar se encontraron con unas sorpresas
increíbles.
Las bicicletas estaban a $
100 la libra. El pan costaba $ 1.000.000 cada uno. Los jabones se entregaban
solamente después de haberlos visto funcionar y se daban facilidades para
pagarlos a plazos durante 6 meses cada jabón. Los equipos de sonido estaban a $
60 y había que meterlos en una bolsa de plástico y hacerlos pesar. Todo estaba
al revés.
Todo sumado, no es
ventajosos que este tipo de ladrones se meta en los almacenes. Pero lo peor es
cuando esos mismos ladrones se meten en
tu vida o en la mía.
Porque te cuento que de
estos ladrones han surgido muchísimos. Y seguramente que habrán buscado también
romper las puertas de tu corazón y meterse ahí. El resultado es el mismo. Lo
que no vale nada empieza a tener un gran precio. Lo que vale poco tiene un
precio bien alto, es muy valorado. Los valores se colocan patas arriba, se
produce un revolcón, todo cambia.
El Capítulo de este cuentico
comienza con la Cita Bíblica de Romanos 12,2. : “No sigan la corriente del
mundo en que vivimos, más bien transfórmense por la renovación de su mente. Así
sabrán ver cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo
que es perfecto”.