Dios manifiesta su Misericordia en todos los acontecimientos de la historia de la humanidad, y en los diferentes ciclos y momentos de la vida de cada ser humano que pisa este planeta.
En mi infancia, veo de una
manera casi imperceptible por el paso del tiempo, varios acontecimientos, pero
recuerdo la primera Semana Santa que viví. Las ceremonias religiosas me
parecían interminables, los adornos, las decoraciones, los pesebres, eran muy atrayentes,
grandes y novedosos. En el domingo de Resurrección, se presentaba en la Celebración
una particularidad; dado que la realizaban de manera conjunta, dos Iglesias del
pueblo ubicadas en puntos geográficos totalmente opuestos.
Se disponía en la entrada de
cada templo imágenes con hermosos vestidos para el desfile religioso. En el
lado occidental se encontraba la imagen del Resucitado, de pie, victorioso sobre
el Santo Sepulcro, y en el Templo ubicado en la parte alta oriental, se
encontraban algunas figuras de las Santas mujeres y de los Discípulos.
El recorrido de la procesión
se iniciaba con el paso (en latín: passus ) de María Magdalena, que acudía a
visitar el Santo Sepulcro en la parte occidental, y llegaba hasta el atrio. Acto
seguido, cuando encontraba al Resucitado, se regresaba corriendo, para darle la
buena nueva a los Discípulos. Posteriormente
en el desfile, bajaban todos los pasos en una carrera veloz, hasta llegar a
inclinarse ante el Resucitado. Esto se conocía
como “LA CARRERA DE LOS SANTOS”.
Era algo espectacular, cargado
verdaderamente de devoción y emoción para nosotros los que nos encontrábamos en
la etapa, o periodo de la infancia.
Se participaba con el
corazón sencillo, sincero, abierto y dispuesto a la celebración de LA SEMANA
MAYOR. El ambiente era de una alegría desbordante, porque se vivía una
misteriosa, y bella comunicación con el Padre del Cielo. De alguna manera nos
dejaba sentir su cercanía, su protección, la calidez de su ternura y acogida para
con los más pequeños. Son recuerdos de muchos colores, formados por las Carreras de los Santos, que se anidaron en el
corazón.