Podría decirse de la pandemia, que el año 2020, fue como dice una canción: “EL AÑO EN QUE SE DETUVO EL TIEMPO”, a causa del COVID19, sin embargo, creo que, pese a la adversidad vivida en el mundo, se han observado cosas maravillosas. Hemos visto también, muchas realidades en diferentes temas, que estaban ocultas o pasaron desapercibidas a lo largo de la vida, quizás porque no las valorábamos, tomándolas como una cotidianidad más en nuestro diario vivir. Tal es el caso de la participación en la Misa Católica y es particularmente sobre el tema que quiero comentar en esta oportunidad
Hasta antes de la pandemia,
los que podíamos asistir por la misericordia Divina era porque teníamos los
Templos, la movilidad, facilidad de localización, disponibilidad y demás
factores para hacerlo, a pesar de todo, a veces no se conseguía llegar,
Igualmente, los que lo hacían de manera virtual, por motivos de salud,
localización, y otros factores, tampoco podían lograrlo, porque en ciertas
ocasiones tenían que sujetarse a horarios y otros inconvenientes que se
cruzaban.
En mi caso, los que comenzamos
a asistir a Misa diariamente de un tiempo para acá, nunca se nos ocurrió pensar
que habría un día en que no podríamos llegar a los templos, porque estarían
cerrados, tampoco salir de nuestras casas por un confinamiento y estaríamos
privados de sentir esa cercanía física de nuestro Dios.
Pero ese inesperado día llegó y
los Templos se cerraron con la pandemia, tampoco podíamos desplazarnos
libremente ya fuera caminando o en vehículo y fue el comienzo de numerosos
días, lo cual causó desazón y desconcierto en algunos católicos y creo hasta
temor.
Unos días después pasamos a la
alegría. Surgió una nueva forma de comunicación, por cuanto la tendencia, fue
migrar a lo virtual y se convirtió en la nueva modalidad de encuentro. Aparecieron
en las redes sociales una cantidad de ofertas, de Celebraciones Eucarísticas en
Parroquias, no sólo del País, sino a nivel mundial.
Había para escoger según la preferencia
de cada cual, tiempos de duración, idioma, diferentes horarios, participábamos
de la Celebración y al final se hacía una Comunión espiritual.
En los momentos de
tranquilidad y en los más críticos de la epidemia Jesús Eucaristía permaneció
en los Templos Católicos de todo el planeta.
Ahora cumpliendo con los
protocolos volvimos a las iglesias, volvimos a las Misas, a tener el gozo de sentir
la presencia de Cristo Resucitado en la Eucaristía. Todo el que quiera lo puede
recibir, así esté enfermo, la sagrada forma llega hasta su Residencia. El se
quedó físicamente con nosotros, porque sabe que lo necesitamos.