Los pasajeros fueron llamados
al avión. Dado que estaba lloviendo, rápidamente abordaron la nave. La Auxiliar
de vuelo cerró la puerta, que quedó lista para el viaje.
Pero una persona, después de
cerrada la puerta, llegó corriendo al avión. Golpeó la puerta para que le abrieran,
pero la auxiliar de vuelo le hizo señas de que ya no era posible. Las normas
son claras: Después de cerrada la puerta, ninguno entra.
El hombre siguió golpeando
casi durante un cuarto de hora bajo la lluvia. La Auxiliar siempre rígida no
abría. Finalmente, viendo que el hombre no se retiraba, ella decidió abrir la
puerta. ¡Era el Piloto!.
Ese vuelo que se llama tu
vida, en el que quieres ser cómodo pasajero, lo piensas realizar sin Piloto? Ni
te ilusiones. No vas a despegar.
Lo mejor es que empieces a
reconocer que en el vuelo de tu vida necesitas un Piloto, y que ese Piloto se
llama Jesucristo.
1ª Publicaciòn 31 de enero de 2018