La belleza de Dios no tiene
límites, ni su gran Misericordia. El testimonio que deseo compartirles en esta
ocasión, es el de María Ignacia Valbuena Báez oriunda de Güicán de la Sierra,
un Municipio ubicado en la Provincia de Gutiérrez, en el Dpto. de Boyacá. Tuvo 9 hermanos, 4 del primer
matrimonio de su Padre, y 6 del segundo matrimonio, en el que ella nació.
Creció en una familia de
Padres católicos practicantes. El hábito de la oración podría decirse que era
un poco riguroso. Se rezaba un Rosario por la mañana, y otro por la noche. La
Celebración de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, era un gran festejo
familiar, que dirigía su Padre. En cuanto a la devoción de los primeros viernes
de mes, era guiada por su Madre, y todos debían asistir a Misa, lo mismo que a
la Eucaristía dominical. María Ignacia comenta que siempre en situaciones de
peligro, acudió al Sagrado Corazón de Jesús generalmente de manera
inconsciente.
En la época de colegio, fue
enviada a un internado donde asistía a Misa, no por convicción, sino por
cumplimiento. En la Universidad, se dedicó al estudio y al trabajo, pues inició
su vida laboral, antes de terminar carrera. Hace la observación que, para
entonces, ya no asistía a la iglesia.
Es egresada de la Universidad
Javeriana, donde obtuvo una Licenciatura en Química, y una Maestría en Gestión
Ambiental. Dese hace muchos años, se radicó en Bogotá.
Dice que, en las situaciones
difíciles de su vida, en reiteradas oportunidades, ha invocado al Sagrado
Corazón de Jesús, casi sin darse cuenta, y pese a todo, siempre la ha salvado
de muchos peligros. Así ha sido desde pequeña
Recuerda que en una ocasión
iba en su carro con un hermano, y una sobrina, para una finca que no conocía,
ubicada en Bituima. Durante el trayecto, casi al final del recorrido, llegó a
un punto en que la subida era bastante empinada, lo cual debía hacerlo muy
impulsada, y así lo hizo, pensando que la vía seguía derecho, pero para
sorpresa y temor de todos, se encontró con una “T”, en la que había una
zanja, en cada vía. Ellos asustados creyeron que morirían; ella se bloqueó y
perdió el sentido, por unos pocos minutos. Cuando despertó, con gran sorpresa
vio el carro alineado, en perfectas condiciones, parqueado hacia una de las
vías, y lejos de la zanja.
Siguieron por esa ruta y con
alegría vieron que los condujo a su destino. Sus familiares le contaron
después, que todo el tiempo suplicó al Sagrado Corazón de Jesús que los
salvara, ella no recordaba nada.
En otra oportunidad, un día se
despertó a las 3 de la mañana preocupada, y no sabía por qué. Pensó en un
hermano Agrónomo, y en una sobrina que hacía rato no veía. Finalmente salió a
buscar a su sobrina, se fue orando, repetía también el Salmo 91. Al llegar al
barrio había una zona verde extensa, y no sabía que rumbo tomar, decidió seguir
en un sentido determinado, cuando vio la niña mayor de su sobrina de 5 años, y
le preguntó por la mamá, a lo que la pequeña respondió:” tiene un niño”, y se
fueron corriendo. Al llegar a la casa estaban a la entrada, un Señor que había
colaborado para atender el parto y el Papá del recién nacido. De inmediato
subió a la habitación de su sobrina, quien le comentó que a las 3 de la mañana
le habían comenzado los dolores de parto. María Ignacia estuvo colaborándole en
todo lo que pudo y le atendió la alimentación.
Recuerda otro caso ocurrido
sobre la Av Boyacá, cuando iba caminando por el andén cerca a su casa. De pronto vio venir a una Chica que andaba de
manera lenta y se tambaleaba, en un momento se cogió con las dos manos de la
reja del Conjunto por donde pasaba, y comenzó a susurrar pidiendo auxilio, ella
corrió y se dio cuenta que estaba teniendo un niño. No había nadie cerca.
María Ignacia comenzó a pedir
ayuda a los apartamentos, a los carros, de pronto un carro de Papas “Margarita”
se detuvo y fue a la farmacia, a traer ayuda, la atendieron en la calle, le
cortaron el cordón umbilical, y cuando llegaron dos patrullas de la Policía las
llevaron a la “Reina Sofía”.
María Ignacia debía hacerse
responsable de todo, y fue la Madrina del bebé, pues lo bautizaron porque
estaba en peligro de muerte.
En la Clínica se enteró que la
Chica tenía 23 años, que trabajaba como empleada doméstica, en ese sector, y
ese día había madrugado y trabajado muchísimo, y no sabía que estaba
embarazada. El marido cuando llegó al Centro hospitalario lloró, y tampoco
sabía del embarazo.
En cuanto a su crecimiento
espiritual, recuerda que comenzó con una invitación de un compañero de trabajo
a un grupo de oración. Desde que ella asistió, empezó a participar en todas las
actividades, volvió a la iglesia, y se vinculó a diversos grupos Apostólicos.
En la actualidad María Ignacia
es católica practicante, ha estudiado la Sagrada Escritura, ha sido activa en
los diferentes Movimientos, le gusta ayudar a las causas de los niños, y
mujeres embarazadas. Es Devota ferviente del Sagrado Corazón de Jesús, cumple
la devoción de los primeros viernes de mes, y conserva muchos de los hábitos de
oración de su casa.
La fe, es la mejor herencia
que podemos recibir y dar a nuestros hijos. “Dejad en herencia la fe” nos decía
el Papa Francisco en el año 2016 desde la Capilla Sixtina.
Es maravilloso ver la Misericordia de Dios, en
nuestra vida.