lunes, 31 de mayo de 2021

EL LEGADO DE LA ORACION

 

La belleza de Dios no tiene límites, ni su gran Misericordia. El testimonio que deseo compartirles en esta ocasión, es el de María Ignacia Valbuena Báez oriunda de Güicán de la Sierra, un Municipio ubicado en la Provincia de Gutiérrez, en el Dpto.  de Boyacá. Tuvo 9 hermanos, 4 del primer matrimonio de su Padre, y 6 del segundo matrimonio, en el que ella nació.

Creció en una familia de Padres católicos practicantes. El hábito de la oración podría decirse que era un poco riguroso. Se rezaba un Rosario por la mañana, y otro por la noche. La Celebración de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, era un gran festejo familiar, que dirigía su Padre. En cuanto a la devoción de los primeros viernes de mes, era guiada por su Madre, y todos debían asistir a Misa, lo mismo que a la Eucaristía dominical. María Ignacia comenta que siempre en situaciones de peligro, acudió al Sagrado Corazón de Jesús generalmente de manera inconsciente.

En la época de colegio, fue enviada a un internado donde asistía a Misa, no por convicción, sino por cumplimiento. En la Universidad, se dedicó al estudio y al trabajo, pues inició su vida laboral, antes de terminar carrera. Hace la observación que, para entonces, ya no asistía a la iglesia.

Es egresada de la Universidad Javeriana, donde obtuvo una Licenciatura en Química, y una Maestría en Gestión Ambiental. Dese hace muchos años, se radicó en Bogotá.

Dice que, en las situaciones difíciles de su vida, en reiteradas oportunidades, ha invocado al Sagrado Corazón de Jesús, casi sin darse cuenta, y pese a todo, siempre la ha salvado de muchos peligros. Así ha sido desde pequeña

Recuerda que en una ocasión iba en su carro con un hermano, y una sobrina, para una finca que no conocía, ubicada en Bituima. Durante el trayecto, casi al final del recorrido, llegó a un punto en que la subida era bastante empinada, lo cual debía hacerlo muy impulsada, y así lo hizo, pensando que la vía seguía derecho, pero para sorpresa y temor de todos, se encontró con una “T”, en la que había una zanja, en cada vía. Ellos asustados creyeron que morirían; ella se bloqueó y perdió el sentido, por unos pocos minutos. Cuando despertó, con gran sorpresa vio el carro alineado, en perfectas condiciones, parqueado hacia una de las vías, y lejos de la zanja.

Siguieron por esa ruta y con alegría vieron que los condujo a su destino. Sus familiares le contaron después, que todo el tiempo suplicó al Sagrado Corazón de Jesús que los salvara, ella no recordaba nada.

En otra oportunidad, un día se despertó a las 3 de la mañana preocupada, y no sabía por qué. Pensó en un hermano Agrónomo, y en una sobrina que hacía rato no veía. Finalmente salió a buscar a su sobrina, se fue orando, repetía también el Salmo 91. Al llegar al barrio había una zona verde extensa, y no sabía que rumbo tomar, decidió seguir en un sentido determinado, cuando vio la niña mayor de su sobrina de 5 años, y le preguntó por la mamá, a lo que la pequeña respondió:” tiene un niño”, y se fueron corriendo. Al llegar a la casa estaban a la entrada, un Señor que había colaborado para atender el parto y el Papá del recién nacido. De inmediato subió a la habitación de su sobrina, quien le comentó que a las 3 de la mañana le habían comenzado los dolores de parto. María Ignacia estuvo colaborándole en todo lo que pudo y le atendió la alimentación.

Recuerda otro caso ocurrido sobre la Av Boyacá, cuando iba caminando por el andén cerca a su casa.  De pronto vio venir a una Chica que andaba de manera lenta y se tambaleaba, en un momento se cogió con las dos manos de la reja del Conjunto por donde pasaba, y comenzó a susurrar pidiendo auxilio, ella corrió y se dio cuenta que estaba teniendo un niño. No había nadie cerca.

María Ignacia comenzó a pedir ayuda a los apartamentos, a los carros, de pronto un carro de Papas “Margarita” se detuvo y fue a la farmacia, a traer ayuda, la atendieron en la calle, le cortaron el cordón umbilical, y cuando llegaron dos patrullas de la Policía las llevaron a la “Reina Sofía”.

María Ignacia debía hacerse responsable de todo, y fue la Madrina del bebé, pues lo bautizaron porque estaba en peligro de muerte.

En la Clínica se enteró que la Chica tenía 23 años, que trabajaba como empleada doméstica, en ese sector, y ese día había madrugado y trabajado muchísimo, y no sabía que estaba embarazada. El marido cuando llegó al Centro hospitalario lloró, y tampoco sabía del embarazo. 

En cuanto a su crecimiento espiritual, recuerda que comenzó con una invitación de un compañero de trabajo a un grupo de oración. Desde que ella asistió, empezó a participar en todas las actividades, volvió a la iglesia, y se vinculó a diversos grupos Apostólicos. 

En la actualidad María Ignacia es católica practicante, ha estudiado la Sagrada Escritura, ha sido activa en los diferentes Movimientos, le gusta ayudar a las causas de los niños, y mujeres embarazadas. Es Devota ferviente del Sagrado Corazón de Jesús, cumple la devoción de los primeros viernes de mes, y conserva muchos de los hábitos de oración de su casa.

La fe, es la mejor herencia que podemos recibir y dar a nuestros hijos. “Dejad en herencia la fe” nos decía el Papa Francisco en el año 2016 desde la Capilla Sixtina.

 Es maravilloso ver la Misericordia de Dios, en nuestra vida.

DIOS SIEMPRE ESTA AHI

En esta ocasión nos ha compartido su testimonio Marcela, Comunicadora Social, Periodista, con dos especializaciones y una Maestría en Comuni...