CAPITULO VIII
Los pasajeros fueron llamados al avión. Dado que estaba
lloviendo, rápidamente abordaron la nave. La Auxiliar de vuelo cerró la puerta
que quedó lista para el viaje.
Pero una persona, después de cerrada la puerta, llegó
corriendo al avión. Golpeó la puerta para que le abrieran, pero la auxiliar de
vuelo le hizo señas de que ya no era posible. Las normas son claras: después de
cerrada la puerta, ninguno entra.
El hombre siguió
golpeando casi durante un cuarto de hora bajo la lluvia. La Auxiliar siempre
rígida no abría. Finalmente, viendo que el hombre no se retiraba, ella decidió
abrir la puerta. ¡Era el Piloto!
Ese vuelo que se llama tu vida, en el que quieres ser cómodo
pasajero, lo piensas realizar sin Piloto? Ni te ilusiones. No vas a despegar.
Lo mejor es que empieces a reconocer que en el vuelo de tu
vida necesitas un Piloto y que ese Piloto se llama JESUCRISTO.
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