La belleza de Dios, su amor
al escuchar nuestras súplicas, y su cercanía es algo maravilloso en nuestras
vidas. Importante y poderosa es la oración en común.
Comenzaré esta historia sobre
Conchita Salazar Pérez, contando desde cuando su hijo mayor le regaló de
cumpleaños un viaje a los Estados Unidos en el año 2014.
Dos días después de arribar
a ese país, a la hora del desayuno, tuvo una emergencia médica.
Había perdido la
sensibilidad del lado izquierdo, No sentía su brazo. Rápidamente los familiares se comunicaron con el
Centro médico, el cual les envió una ambulancia que la trasladó a la Clínica “Myriam”.
Cuando llegaron al centro
hospitalario, el galeno le preguntó a ella: “Autoriza que la revivamos” a lo
que contestó que sí. Notaba muy inquietos a su hijo y a su nieto. Pero no sabía
lo que sucedía.
Recuerda que pensaba en Dios
todo el tiempo, en su divina presencia. Sus demás familiares por consanguinidad
o afinidad, la acompañaban en oración desde Colombia.
Fue ingresada a cuidados
intensivos. Había sufrido un Derrame cerebral. Allí pasó el día de la Madre, en
cierta forma contenta, por las visitas y regalos que recibió. A los 5 días salió
de la Clínica más o menos bien.
El médico le dijo que de 100
personas que sufrían derrame, solo 3 salían de la Clínica tan bien como ella. Y
además la estadía en cuidados intensivos
era de un período mayor. Concha se enteró de todo, sólo un tiempo después. A
los 3 meses salió de los Estados Unidos, pasó por Canadá y luego regresó a
Colombia. La recibieron con un gran festejo de cumpleaños.
Sobre su caminar espiritual
nos comenta Conchita, que comenzó hace bastantes años, visitando ocasionalmente
diferentes movimientos religiosos, pero desde hace 20 años aproximadamente, participa
de manera activa, en una Iglesia Cristiana al igual que su familia. Tiene 4
hijos, y ha sido una mujer trabajadora, que luchó para sacar sus hijos
adelante.
Al año siguiente de haber
llegado a Colombia, la llamaron de la EPS para informarle que podría hacerse el
procedimiento quirúrgico de vejiga, que tenía
pendiente desde hacía algún tiempo.
Comenzaron los exámenes
preoperatorios de rutina. La cardióloga le ordenó posteriormente un cateterismo,
y una vez recibidos los resultados, el diagnóstico fue: que de las 3 arterias principales,
tenía tapada una, en el 84%. Por tanto requería
prioritariamente y de manera urgente, una cirugía de corazón abierto.
El Cirujano les dijo que “esta
intervención quirúrgica era malo hacerla y malo no hacerla”. Y a la familia le
advirtió que el riesgo era demasiado alto, porque podría repetirse el derrame
cerebral y quedarse en el quirófano. Adicionalmente habría que considerar complicaciones
y secuelas generales de la cirugía. Conchita solamente tenía conocimiento que
su operación era delicada.
Pese al desalentador parte
médico, ella y su familia decidieron continuar adelante con el proceso, confiados
solamente en la misericordia Divina.
Cuando llevaron los
resultados de los exámenes, la dejaron de una vez hospitalizada. Se comenzó de
inmediato con el proceso preparatorio.
La cirugía quedó programada
para el 6 de abril del año 2017. El tiempo estimado de la intervención sería
aproximadamente de 7 horas, y la preparación requería 8 días.
Los parientes y allegados, acudieron
a Bogotá para brindarle con pena, posiblemente un último adiós.
La noche anterior sus hijos,
hermanos, familiares, compañeros de iglesia, y conocidos, se unieron en oración.
Continuaron así hasta finalizada la intervención quirúrgica.
La cirugía duró la mitad del
tiempo programado. El médico le informó a la familia que todo había salido muy
bien. Ese mismo día se levantó y almorzó.
La oración de intercesión, cambió
de manera profunda las expectativas médicas y la realidad científica, de la
compleja intervención quirúrgica de Conchita.
Se cumplen siempre las
palabras pronunciadas por Jesús para la humanidad de todos los tiempos: “Os aseguro también que si dos de vosotros
se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo
conseguirán de mi Padre que está en los
cielos.” Mateo 18, 19-20.
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