Apreciado Lector, me
gustaría compartir con Usted en esta oportunidad, una pequeña recopilación de homilías
recientemente dadas en celebraciones litúrgicas realizadas por el Papa Francisco, con una
modalidad muy particular de participación, en estos días tan especiales, y que de
una u otra forma se quedaron en nuestra mente y se refugiaron en el corazón.
BENDICIÓN
URBI ET ORBI, POR COVID-19, 27 DE MARZO
“Al atardecer” (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio
que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha
oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades;
se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que
ensordece, y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el
aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas.
Nos encontramos asustados y
perdidos. Al igual que a los Discípulos del Evangelio, nos sorprendió una
tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma
barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y
necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos
mutuamente….Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender
la actitud de Jesús. Mientras los Discípulos lógicamente estaban alarmados y
desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se
hunde….dormía tranquilo, confiado en el Padre- Es la única vez en el Evangelio
que Jesús aparece durmiendo-.
Reflexión del Papa
Francisco en el momento de Oración de la Bendición Eucarística Urbi et Orbi.
JUEVES
SANTO, 9 DE ABRIL
Hoy quisiera estar cerca de
los Sacerdotes, de todos los Sacerdotes, desde el recién ordenado hasta el
Papa. Todos somos Sacerdotes….ungidos para celebrar la Eucaristía, ungidos para
servir. Sin embargo no puedo dejar pasar esta Misa sin recordar a los
Sacerdotes, Sacerdotes que ofrecen su vida por el Señor, Sacerdotes que son
Servidores. En estos días han muerto aquí más de sesenta, en Italia, atendiendo
a los enfermos en los hospitales, juntamente con médicos, enfermeros,
enfermeras….Son los “santos de la puerta de al lado”, Sacerdotes que dieron su
vida sirviendo…. Hoy os llevo en mi corazón, y os llevo al altar.
Sacerdotes calumniados,
muchas veces sucede hoy, que no pueden salir a la calle porque les dicen cosas
feas, con motivo del drama que hemos vivido con el descubrimiento de las malas
acciones de Sacerdotes. Algunos me dijeron que no podían salir de la casa con
el clergyman porque los insultaban; y ellos seguían.
Sacerdotes pecadores, que
junto a Obispos pecadores y al Papa pecador no se olvidan de pedir perdón. Y
aprenden a perdonar porque saben que necesitan pedir perdón y perdonar. Todos
somos pecadores. Sacerdotes que sufren crisis, que no saben qué hacer, se
encuentran en la oscuridad….
Hoy todos vosotros, hermanos
Sacerdotes, estáis conmigo en el altar, vosotros consagrados.
Homilía del Papa
Francisco Basílica de San Pedro Jueves Santo.
VIERNES SANTO, 10 DE ABRIL
“Lo que acabamos de escuchar
es el relato del mal objetivamente más grande jamás cometido en la tierra”.
“La pandemia del Coronavirus
nos ha despertado bruscamente del peligro mayor que siempre han corrido los
individuos y la humanidad: El del delirio de Omnipotencia”.
“Dios participa en nuestro
dolor para vencerlo. Es aliado nuestro, no del virus”.
“Él ha dado también a la
naturaleza una especie de libertad, cualitativamente diferente, sin duda, de la
libertad moral del hombre, pero siempre una forma de libertad. Libertad de
evolucionar según sus leyes de desarrollo”.
Palabras del Padre
Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, en la homilía de la
celebración de la Pasión del Señor, presidida por el Papa Francisco en la
Basílica de San Pedro. Viernes Santo.
DOMINGO
DE RESURRECIÓN, 12 DE ABRIL. BENDICIÓN URBI ET ORBI
Esta buena noticia se ha
encendido como una llama nueva en la noche, en la noche de un mundo que
enfrentaba ya desafíos cruciales y que ahora se encuentra abrumado por la
pandemia, que somete a nuestra gran familia humana a una dura prueba. En esta
noche resuena la voz de la Iglesia: “Resucitó de veras mi amor y mi esperanza”
(Secuencia pascual).
Es otro “contagio”, que se
transmite de corazón a corazón, porque todo corazón humano espera esta Buena
Noticia…No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No,
no es eso la Resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz
del mal, una victoria que no “pasa por encima”, del sufrimiento y la muerte,
sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en
bien, signo distintivo del poder de Dios.
Mensaje Pascual del Papa
Francisco, previo a la bendición Urbi et Orbi. Desde la Basílica Vaticana
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