En esta oportunidad veremos otro
testimonio de Jóse G. Olaya.
Comenzaremos diciendo, que él y su novia, quien hoy es su esposa,
tomaron la decisión de compartir su vida y se fueron a vivir juntos en un
diciembre. Con el tiempo, comenzaron a llegar los hijos y tuvieron 3 hermosos niños.
Cuando los niños estaban
creciendo, el segundo descendiente, cerca de cumplir los 6 años, empezó a presentar
convulsiones. La primera vez que
sucedió, fue una noche, en la que Jóse estaba viajando, y su mujer estaba sola
con los pequeños. Fueron momentos de gran angustia e impotencia, en los que ella
sólo pudo salir corriendo, a pedir auxilio entre los transeúntes.
Después de varios chequeos
médicos, el niño fue diagnosticado con epilepsia. Los doctores le ordenaron un
medicamento que se utiliza para controlar ciertos tipos de convulsiones en
personas con dicha patología, que se llama carbamazepina. Es una enfermedad que
podría denominarse incurable.
Los Científicos del mundo no
han encontrado la cura a este padecimiento y se tiene el riesgo permanente de una
muerte súbita inesperada. El único hombre, a través de los siglos, que curó,
liberó, sanó, resucitó muertos y nos mostró al Dios invisible, fue Jesús de
Nazareth. Dios todo lo puede.
Desde que se recibió la
noticia, Jóse de manera frecuente, oraba y lloraba ante el Santísimo, pidiendo
la sanación de su hijo. Fue una situación muy dolorosa para toda la familia.
Cuando el niño tenía 9 años, en
un viaje camino a Villavicencio, el pequeño convulsionó una vez más. Jóse en su
dolor, paró el carro, tomó al niño en los brazos y le dijo: vas a orar conmigo y
así lo hicieron. Le pedían a Dios su
mano sanadora. Jóse le imploró de corazón a Dios diciéndole: “Tomaré la
bendición que me falta, del Sacramento del Matrimonio que tu instituiste. Por
favor cura a mi hijo”.
Después de esto, se hicieron
los preparativos para la boda y en una sencilla y cálida Ceremonia, se casaron
por lo católico, habían convivido por más de 10 años, pero la alegría era
grande, porque ya tenían la bendición de Dios.
Algunos días después, el niño
le dijo a su Padre, que no era necesario seguir tomando la carbamazepina,
porque se sentía muy bien. El Milagro sucedió y desde entonces se curaron las
convulsiones, al día de hoy, el chico tiene 29 años.
Este testimonio lo escuché del
protagonista de esta historia en una reunión virtual en noviembre de 2021.
Nada es imposible para Dios, Él
nunca falla y su Misericordia es infinita.
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