martes, 30 de noviembre de 2021

DIOS TODO LO PUEDE

 

En esta oportunidad veremos otro testimonio de Jóse G. Olaya.  Comenzaremos diciendo, que él y su novia, quien hoy es su esposa, tomaron la decisión de compartir su vida y se fueron a vivir juntos en un diciembre. Con el tiempo, comenzaron a llegar los hijos y tuvieron 3 hermosos niños.

Cuando los niños estaban creciendo, el segundo descendiente, cerca de cumplir los 6 años, empezó a presentar convulsiones.  La primera vez que sucedió, fue una noche, en la que Jóse estaba viajando, y su mujer estaba sola con los pequeños. Fueron momentos de gran angustia e impotencia, en los que ella sólo pudo salir corriendo, a pedir auxilio entre los transeúntes.

Después de varios chequeos médicos, el niño fue diagnosticado con epilepsia. Los doctores le ordenaron un medicamento que se utiliza para controlar ciertos tipos de convulsiones en personas con dicha patología, que se llama carbamazepina. Es una enfermedad que podría denominarse incurable.

Los Científicos del mundo no han encontrado la cura a este padecimiento y se tiene el riesgo permanente de una muerte súbita inesperada. El único hombre, a través de los siglos, que curó, liberó, sanó, resucitó muertos y nos mostró al Dios invisible, fue Jesús de Nazareth. Dios todo lo puede.

Desde que se recibió la noticia, Jóse de manera frecuente, oraba y lloraba ante el Santísimo, pidiendo la sanación de su hijo. Fue una situación muy dolorosa para toda la familia.  

Cuando el niño tenía 9 años, en un viaje camino a Villavicencio, el pequeño convulsionó una vez más. Jóse en su dolor, paró el carro, tomó al niño en los brazos y le dijo: vas a orar conmigo y así lo hicieron.  Le pedían a Dios su mano sanadora. Jóse le imploró de corazón a Dios diciéndole: “Tomaré la bendición que me falta, del Sacramento del Matrimonio que tu instituiste. Por favor cura a mi hijo”.

Después de esto, se hicieron los preparativos para la boda y en una sencilla y cálida Ceremonia, se casaron por lo católico, habían convivido por más de 10 años, pero la alegría era grande, porque ya tenían la bendición de Dios.

Algunos días después, el niño le dijo a su Padre, que no era necesario seguir tomando la carbamazepina, porque se sentía muy bien. El Milagro sucedió y desde entonces se curaron las convulsiones, al día de hoy, el chico tiene 29 años.

Este testimonio lo escuché del protagonista de esta historia en una reunión virtual en noviembre de 2021.

Nada es imposible para Dios, Él nunca falla y su Misericordia es infinita.

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