miércoles, 29 de noviembre de 2023

SUEÑO DEL FIN DEL MUNDO

 

En mi época de Colegio, cuando tenía sueños, y los recordaba al día siguiente, los escribía, se los enviaba a cualquier amiga que viviera en tierras lejanas, y guardaba las copias. En cierta ocasión leyendo las cartas enviadas, observé que había dos sueños iguales, en la misma fecha, pero en diferentes años, y este es el tema que trataré de compartir con Ustedes.

Mi relato comienza en la Ciudad de Bogotá, cuando caía la tarde, de un día cualquiera, de un mes que no recuerdo. Venía de algún sitio, me veía por una calle caminando sola, cuando de pronto se sintió un ruido estrepitoso, y un movimiento como de un terremoto, era algo muy fuerte que salía del interior de la tierra.

Las nubes del firmamento, comenzaron a oscurecerse, los árboles y los edificios empezaron a doblarse, la gente corría descontroladamente, rápidamente se ocupó la calle, se escuchaban lamentos, las personas lloraban, gritaban y dominaba el miedo y la desesperación.  No había lugar donde resguardarse, ni para dónde coger. Los muertos se levantaban de sus tumbas, el panorama era tan devastador, desolador, y doloroso, que decidí detenerme y cerrar mis ojos, para no mirar. No podía entender, no quería pensar, ni escuchar, no quería ver.

De pronto sentí un profundo silencio, una calma total, y se comenzó a percibir un agradable olor, con aroma suave, exquisitos perfumes que poco a poco impregnaban el ambiente.

Una sutil y bella melodía comenzaba a escucharse, como si la naturaleza entonara una canción. Lentamente pese al resplandor del firmamento, intentaba abrir mis ojos, y al lograrlo, pude observar la variedad de colores de hermosas flores que desaparecían en el horizonte, quedé extasiada. La calma era absoluta.

De un momento a otro, en lo alto del Cielo, apareció el Hijo de Dios, revestido de poder y majestad, con gran esplendor, en nubes blancas y destellos de luz, sobre un trono sostenido por Serafines, Querubines, Arcángeles, Ángeles que solemnemente tocaban las trompetas, y toda la Corte Celestial le alababa, eran indescriptibles e incontables esos bellos seres luminosos, angelicales, que anunciaban la Divina Presencia, al cosmos y hasta los confines de la tierra.

Las criaturas ante tanta grandeza, nos postramos en tierra, en actitud de profunda adoración y respeto. Vimos con claridad lo inminente: estábamos en el “FIN DEL MUNDO” y ante el “GRAN JUICIO FINAL”.

EL JUICIO DEL AMOR SOBRE EL AMOR.

Al día siguiente me despertaron LA ESPERANZA, LA ALEGRÍA, LA INQUIETUD, y LA FORTALEZA para continuar con energía y vitalidad el Camino de la vida.

Señor bello, poderoso y puro, ayúdanos a cumplir el mandamiento del amor : “AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO OS HE AMADO”    (Jn 13,34)

Publicaciones del tema, octubre 2016, agosto 2018.

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