En el recorrido de la vida, tropezamos
con tantas situaciones que no entendemos y no podemos manejar. Y que suceden en el día a día. Nuestra oración, es pequeña y pobre, pero la acción de Dios es
poderosa y desbordante.
Esta historia sucedió en el
año 2012, a María Teresa Sabogal, de
profesión Enfermera, cuando venía en el Transmilenio, y regresaba del Centro de
Bogotá. Recuerda claramente que en el trayecto cerca a su casa, ingresó un
obrero que parecía venir de una finca. Traía puestas botas con punta de acero. Eran
como las 4 de la tarde de aquel día. Y ella comenta : “El Señor entró afanado,
me pisó durísimo en el pie izquierdo, y sentí un dolor fuerte en ese
momento”.
Dice que llegó a su casa adolorida,
y a los 3 días le comenzó un intenso dolor y gran ardor en el dedo meñique del
pie izquierdo. En pocos días el dedo cogió coloración violeta, luego se tornó
morado oscuro y finalmente se gangrenó.
Inicialmente, según los
médicos de la Secretaría de Salud, debían hacerle cure taje, y luego le
realizaban la curación sin anestesia.
Posteriormente, en el
hospital del Tunal, se reunieron los Ortopedistas en Junta médica, y tomaron la
decisión de amputarle medio pie y ordenarle la postura de una prótesis. Cuando
le solicitaron validar el procedimiento, María Teresa firmó que no autorizaba, y que dejaba la sala
para que se realizara otra cirugía y se retiró.
Durante todo el proceso, la inflamación
continuaba aumentando y sentía un dolor permanente indescriptible. Angustiada
recurría a diferentes especialistas Podólogos. Finalmente llegó al vascular
periférico. Dr. Orlando Rodríguez Charry. Le hizo un examen y le ordenó una
serie de medicamentos para hacer circular la sangre. Pero los medicamentos no
evolucionaron como se esperaba y el resultado no fue óptimo.
Ahora ella estaba sola, y
para la ciencia, sin salida alguna. Pese a todo, no perdía la esperanza. El
hueso se molió, se volvió una masa, y no podía caminar.
En una de tantas idas y
venidas, fue donde una amiga llamada Isabel Castro, quien estaba vinculada al
Apostolado Ambiental Especializado, que dirigía el Padre Miguel Triana Uribe. Y la llevó donde él.
Comenta, que cuando llegó, quedó tan sorprendida, porque como lo dice : “El lo
recibía a uno con un amor tan especial”. Recuerda que hablaron largamente, se
confesó. Después el Padre, le impuso las manos y oró por ella. Le preguntó si
quería la imposición de las Reliquias de Monseñor Ismael Perdomo, a lo que ella
respondió que sí. También la invitó a las reuniones de ACEP. Ese día ella salió
del lugar feliz y agradecida con Dios. Se sentía fortalecida anímica y
espiritualmente. Y paulatinamente, desde ese momento la apariencia de su pie comenzó a cambiar. La
intensidad del dolor a disminuir, y se suavizaba el color . Ella no volvió a consultas médicas, y mantenía
de manera regular una comunicación con el Padre. Asistía a las reuniones del
grupo y los días transcurrían en fe, en oración, y en paz.
Cuando habían pasado 4 meses,
el Padre Miguelito le dijo que se practicara nuevamente un examen radiográfico del pie. Una
vez efectuado, y para sorpresa de ella y del médico, la imagen mostraba como en
el dedo meñique del pie, se estaba formando nuevamente el hueso.
A los 7 meses el dedo estaba
totalmente sano. Los Ortopedistas, aún al día de hoy, no logran asimilar lo
sucedido.
La curación de su pie fue
prodigiosa. Una experiencia espiritual que le dio fuerza, y marcó el sendero de
su vida.
Este testimonio me lo
compartió María teresa en abril del año 2018.
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