sábado, 31 de agosto de 2019

EL SUEÑO DEL FIN DEL MUNDO


En mi época de Colegio, cuando tenía sueños que recordaba al día siguiente, los escribía, se los enviaba a una que otra amiga que viviera en tierras lejanas, y guardaba las copias; en alguna ocasión leyéndolas observé que había tenido un sueño igual en la misma fecha, pero que correspondía a diferentes años, lo cual trataré de compartir.

Mi relato comienza en la Ciudad de Bogotá, cuando ya caía la tarde de un día cualquiera de un mes que no recuerdo,  me veía por una  calle caminando sola, acababa de salir de algún sitio, cuando de pronto se sintió un ruido y un movimiento como de un terremoto salido del interior de la tierra.

Las nubes del firmamento comenzaron a oscurecerse, los árboles y los edificios empezaron a doblarse, la gente rápidamente ocupó la calle, se escuchaban lamentos, lloraban, corrían  y dominaba el miedo y la desesperación, no había lugar donde resguardarse, ni para dónde coger, los muertos se levantaban de sus tumbas, el panorama era tan devastador, desolador, y  doloroso, que decidí detenerme y cerrar mis ojos,  para no mirar, no podía entender, no quería pensar, no podía escuchar, no quería ver.

De pronto hubo un silencio profundo, una calma total, y se sentía  un agradable olor, con suave aroma, de exquisitos perfumes que poco a poco impregnaba el ambiente.

Una sutil y bella melodía llegaba a mis oídos, como si la naturaleza entonara una canción. Lentamente intentaba abrir mis ojos, pese al resplandor del firmamento, al lograrlo y observar la variedad de colores de hermosas flores que desaparecían en el horizonte, quedé extasiada. Se sentía absoluta calma.

De pronto en lo alto del Cielo, revestido de todo poder y majestad,  apareció el Hijo de Dios, con gran esplendor, en nubes blancas y destellos de luz, sobre un trono sostenido por Serafines, Querubines, Arcángeles, Ángeles que solemnemente tocaban las trompetas, y toda la Corte Celestial que le alababa, eran indescriptibles e incontables esos bellos seres luminosos, angelicales, que le anunciaban la Divina Presencia, al cosmos y a los confines de la tierra.

Las criaturas ante tanta grandeza, nos postramos en actitud de profunda adoración y vimos con claridad lo inminente: estábamos en el “FIN DEL MUNDO” y ante el “GRAN JUICIO FINAL” DEL AMOR SOBRE EL AMOR.

Al día siguiente me despertaron LA ESPERANZA, LA ALEGRÍA , LA INQUIETUD, y LA FORTALEZA para mirar el camino.

Termino este relato con una oración que me llamó la atención : “ Señor, tu que serás Juez al final de los tiempos y de la historia, danos la gracia de llegar a ser Artífices de una sociedad más justa y fraterna…”    

             Este tema tiene una primera Publicación efectuada el 24 de octubre  de 2016

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