jueves, 2 de agosto de 2018

DRÁSTICO CAMBIO EN LA VIDA DE LIBERTAD, EN MENOS DE 24 HORAS

Hace 30 años, un día cualquiera del mes de septiembre, Libertad (seudónimo elegido por la protagonista de esta historia),  caminaba sola hacia su casa. Esa noche, parecía más oscura que otras veces. Eran aproximadamente las 8 de la noche. Tenía para entonces 24 años de edad. Trabajaba, estudiaba, y vivía con sus Padres y hermanos. La superficie por la que transitaba, era sobre un tramo de  terreno accidentado. Ubicado en el Departamento del Tolima, en un humilde barrio de Ibagué, 
 
De pronto, como de la nada, apareció un hombre alto moreno que saludó, y llegó hasta donde ella para atracarla. De manera violenta, le tapó la boca, le puso un puñal en el cuello, y la arrastró hasta un precipicio. El abismo tenía aproximadamente unos 5 metros de profundidad. El hombre cuando vio que ella se resbaló y cayó, salió huyendo del lugar.

Al caer se dio un golpazo en la espalda. Algunas personas que pasaban por el lugar, cuando la escucharon, se apresuraron a auxiliarla, y la llevaron a la Clínica más cercana.

Después de varios días de hospitalización,  el parte médico reportaba como consecuencia de la caída, que tenía “TRM” (TRAUMA RAQUIMEDULAR ). “El cual suele resultar en muerte ó discapacidad, con sus complicaciones implícitas”. (Frase de la Revista CES en artículo sobre el tema).

Ante esta situación, la primera reacción de Libertad, fue de rechazo total, de gran dolor, tristeza, desconcierto, angustia y depresión. Comenta que en su parte espiritual hacía poco se había acercado a escuchar la palabra, a una Iglesia de formación Cristiana.  Sabe que esto, le dio fuerza. Que no la dejó considerar la opción de suicidio ante esa realidad tan difícil.

Piensa  que “la verdadera LIBERTAD, no está en el que corre, ni en el que vuela, no está fuera, sino que está dentro de nosotros”.

Poco a poco, con el transcurrir de los días, comenzó a tomar conciencia que ahora tenía un estado diferente físicamente. Dice que se fue acercando más a Dios. Y como ella misma lo expresa: “el sufrimiento lo hace a uno más sensible a las cosas del espíritu”. 

A los 15 días de haber ingresado a la Clínica en Ibagué, fue remitida a Bogotá, a la Clínica San Pedro Claver.  Llegó con su Papá, quien se regresó casi de inmediato, por los altos gastos que no podía asumir.

En la San pedro Claver, trabajaba Anita de Pinto. Quien fue un Ángel que Dios le puso en el camino. Anita ó Benny como también se le conoce cariñosamente, pertenecía a ACEP, movimiento dirigido por el Padre Miguel Triana Uribe. Según comenta, una amiga de nombre Celizar, se la había recomendado. Anita subió a visitarla a la habitación, a las 9 de la noche, y cuando la vio, quedó impactada, por la condición en que se encontraba, y también por su belleza.

Se comprometió a hablar con el Jefe de Ortopedia de la Clínica. Al día siguiente el médico, le comentó la gravedad de la situación, y le dijo, que tenían que devolverla a Ibagué, porque no había materiales y debían reconstruirle la columna. Anita habló con el Director, consiguió la autorización para la compra de los elementos quirúrgicos, y finalmente la dejaron y le hicieron la cirugía. Todas las noches le recogía la ropa para llevársela y lavarla. También la recomendó en el Economato. Y cuando salió de la Clínica, se la llevó a su casa, y la hospedó por un período de 6 meses. Adicionalmente consiguió matricularla en el Centro de Rehabilitación del Seguro Social, donde se graduó en tejido, y le regalaron una máquina de tejer. 

Libertad comenta, que llegó a la Clínica en el mes de septiembre. Y le dieron de alta, en el mes de diciembre. Recuerda que el día de la salida, tenía tanta prisa que quería volar, para que de pronto no la fueran a devolver.

Dios, le dio el gozo y la fuerza para superar y trascender esa etapa. En 2 años se adecuó a una nueva vida.

A los 4 años de haber sucedido el accidente, Libertad formó su hogar. Al año siguiente, nació su primer hijo, y 5 años después, nació el segundo hijo. Posteriormente se separó. Manifiesta que  sus dos hijos “son un regalo de Dios, una bendición, son compañía, apoyo moral, soporte en la tierra, son mi hogar, y están ahí”. Considera, que el centro de su vida siempre ha sido su hogar.

Actualmente asiste a otra Iglesia Cristiana. Comenta que: “Después del accidente conocí esta Iglesia, y el Evangelio me fue fortaleciendo”. También dice que tiene muchas perspectivas todavía, que falta más experiencia, que siente paz, y agrega: “Esperando en Dios. Sin dejar de lado metas y responsabilidades que no he cumplido”. 

Comenta que hoy en día,  aprovecha el encierro y la salida. Hace tejido y artesanías. Escribe y estudia. Vive en un tercer piso sin ascensor, y sus hijos  le colaboran para subir y bajar. Cuando sale a la calle hace sus vueltas de manera independiente, a lo que se acostumbró desde soltera.  

Este testimonio, lo recibí de Libertad telefónicamente en junio del año 2018. A ella, la conocí por Anita, poco antes de tener su hogar. Anita también comentó detalles que complementan esta historia.

Sin la ayuda Divina, el sentido de la vida se pierde, y hasta el más pequeño de los problemas nos sofoca y sentimos que puede ahogarnos. De nuevo vemos, como la fe, es lo mejor que tenemos. Porque nos proporciona la paz, la alegría, la esperanza y la fuerza, para enfrentar el día a día. Por difíciles que sean las situaciones de la vida.

Dios es maravilloso, y su misericordia verdaderamente llena la tierra.

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